Adolescentes ticos vulnerables ante las drogas

ENERO 10, 2012  11:37 AM | MARLEN CORRALES 

Dgrocas

Solo el año anterior, según datos recopilados a noviembre, la Policía de Control de Drogas (PCD), desarticuló 71 organizaciones locales, 14 familiares y 22 de tráfico internacional de drogas.

Por su parte, el Decimoséptimo Informe del Estado de la Nación señaló que el 40% de los asesinatos en el 2010 son producto de problemas por drogas, presunción de “sicariato” y venganzas asociadas con el narcotráfico.

Estos datos reflejan la nefasta situación del país. Las drogas forman parte de nuestro entorno y ven de frente a los jóvenes costarricenses. Lo que más preocupa a las autoridades es el consumo y venta de droga entre miembros de las familias.

“Las narcofamilias es uno de los elementos que desde el punto de vista social genera más preocupación, porque implica no solo la penetración de la droga en el tejido social sino en el tejido familiar, el primer rol de la familia es educar a la persona para que no desarrolle conductas criminales, pero aqui los miembros nacen en un contexto de negocios y venta de drogas”, comentó Mario Zamora, ministro de Seguridad.

Zamora agregó que los barrios marginales son lugares donde hay mayor incidencia sin embargo, advirtió que las narcofamilias son las estructuras más difíciles de desactivar. “Normalmente se detienen a miembros de la familia y los que no han sido detenidos prosiguen con la actividad, es muy difícil de desactivar ese tipo de estructuras y genera un mal social mayor”, explicó.

Mientras el mal continúa acechando a la juventud nacional, el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), hace un esfuerzo para rehabilitar a los jóvenes.

Según Vera Barahona, directora de Prevención y Tratamiento del IAFA, los adolescentes empiezan a consumir drogas desde los 13 años y muchos de ellos deben de ser internados para su recuperación. El tratamiento de rehabilitación es relativo al tipo de drogas que el joven utilice.

“El consumo de drogas es una enfermedad crónica, entonces la persona va a requirir un tiempo importante de tratamiento, eso dependerá del diágnostico de cada persona, puede ser de 6 meses hasta más de 1 año”, expresó Barahona.

Además, el IAFA tiene talleres de prevención en escuelas y colegios. “Aprendo a valerme por mi mismo”, es uno de los programas, basado en habilidades para vivir, donde trabajan el manejo de la presión de grupo, la toma de decisiones y la comunicación asertiva.

Aunque estos programas son de ayuda, según el psicólogo Galo Guerra, del Instituto Conductal de Costa Rica, los jóvenes pueden entrar al mundo de las drogas por aspectos diversos difíciles de prevenir donde influye el autocontrol. “En los adolescentes el autocontrol es muy bajo, lo están apenas aprendiendo, entonces viene una desilusión amorosa, un problema familiar y los jóvenes no saben que hacer con eso y lo ahogan en el licor y las drogas”, añadió Guerra.

Tanto Barahona como Guerra coinciden en que los padres deben dialogar con sus hijos y ayudarlos a desarrollar el autocontrol y así evitar un escape en los vicios.

Por su parte, Yaxún Víquez, trabajadora social y consultora para UNICEF, considera que “la niñez y adolescencia costarricense carece de modelos claros a seguir y en muchos casos estos grupos organizados brindan condiciones que las propias familias de los menores no pueden, como solvencia económica, identidad social y protección”.

En carne propia

“Le dimos apoyo, amor y hemos luchado para sacarlo pero, él no pone de su parte” Así resume una madre la batalla que ha librado para sacar a su hijo de las drogas.

Teresa se casó con el hombre que amaba, con mucha ilusión esperó a su primer hijo. Nadie la enseñó a ser mamá, pero hizo lo mejor que pudo. Le dio una infancia tranquila y feliz, pero 16 años después su hijo se perdió en el mundo de las drogas. Un sufrimiento con el que ella ha convivido por más de 20 años.

Hoy, su hijo es un adulto de 36 años, sigue perdido en ese mundo, a pesar de los años nada ha cambiado. “Es la misma historia, nunca cambió, él aparece un tiempo y luego pasan meses sin saber nada de él, cuando aparece llega todo golpeado, flaco y enfermo, por más cosas que nos haya hecho y el miedo que aún le tenemos, uno lo recibe con amor”, comentó con nostalgia doña Teresa.

Y, es que la vida de doña Teresa y su esposo ha estado en las manos de su hijo drogado en al menos dos ocasiones. Según recuerda esta madre, hace apenas dos años años llegó borracho y drogado, la agarró del cuello, le cortó un pie y golpeó a su padre. “Luchamos con él, rompió puertas y ventanas, fue una lucha de 2 horas y nosotros gritábamos y pedimos auxilio que nos defendieran y nadie quiso ayudarnos, pero como gritamos tanto, un vecino llamó a la policía, vino también la ambulancia y el OIJ, yo estaba bañada en sangre y no me daba cuenta”, expresó Teresa.

En medio de suspiros para no llorar, doña Teresa contó que lo han internado dos veces, sin embargo, su hijo se ha escapado para volver a la calle. “Una vez lo fuimos a traer a Puntarenas, porque nos llamó que necesitaba ayuda, con todos los esfuerzos fuimos a traerlo y cuando ya él se sintió bien, dijo me voy, y se volvió agarrar con nosotros y nos dijo “a ustedes quien los tiene de tontos pagando carro para ir a traerme”, imagínese y uno fue con todo el amor del mundo”, recordó.

Cuando el teléfono suena, el primer temor para esta madre es que sea malas noticias de su hijo. “Ya uno espera cualquier cosa, uno quisiera poder hacer algo para que él entienda, hay gente que llega y le dice a uno ¿por qué llora, por qué se preocupa?, solo una madre sabe lo que se siente, yo le cuento por encimita lo que hemos pasado, pero ha sido tan difícil, sin embargo no me siento culpable porque sé que le dimos apoyo, amor y hemos luchado para sacarlo pero, él no pone de su parte”.

Ella abandonó sus estudios, por la depresión que sufrió, cuando descubrió los pasos en los que andaba su hijo, dejó de salir, de convivir con sus vecinos y hoy luego de tantos años sigue alejada de las personas, aislada de las actividades del pueblo, incluso de muchos de sus familiares.

Así, entre demandas, medidas cautelares y sufrimiento, ha pasado los días doña Teresa, su esposo y sus otros tres hijos. Lo único que pide con mucha fe es que cuando su hijo recapacité no sea tarde.

“Fue iniciativa mía, nadie me indujo hacerlo”

A sus 15 años perdió lo que él creyó que era su gran amor. Aquella desilusión amorosa lo llevó a probar las drogas. Hoy 10 años después lo ve como una estupidez en la que nunca debió entrar.

“Yo hacía eso porque yo sufría mucho por ella, porque yo la quería, y entonces en las noches me sentía tan solo y esa vara me relajaba y dejaba de pensar, más que todo por eso yo empecé a comprar, fumaba en la noche y no me preocupaba por nada”, explicó Martin.

El tiempo hizo que perdiera el control. Trabajaba solo para poder comprar. “Iba a todo lado, caminaba 4 kilometros para conseguir un puro, iba bajo la lluvia no me importaba, hacía cualquier cosa por conseguir, es una estupidez, dependía de eso para todo”.

Por dos años su desayuno, almuerzo y cena estaban acompañados de un puro de marihuana. Empezó a sentirse físicamente mal, su enfermedad pulmonar se empezó a manifestar y se dio cuenta de lo lejos que había llegado. A punta de voluntad y coraje decidió dejar la droga.

“El problema es que uno empieza a verlo como que eso (la droga) no es malo, uno dice yo no le robo a nadie, yo lo compro con mi plata, con mi trabajo, pero uno llega al punto donde uno dice bueno me equivoqué pensé eso y ya estoy metido en el vicio”, expresó el joven.

Ahora, recuperado y más maduro, su deseo es poder ayudar a jóvenes que como él no saben controlar sus sentimientos y buscan la solución en las drogas.

Fuente: CR-HOY